Con relación a la invasión de Venezuela y al secuestro de Nicolás Maduro Donald Trump comentó:
“Si hubieran visto lo que pasó, yo lo vi literalmente, como si estuviera viendo un programa de televisión”, dijo Trump en una entrevista en FoxNews. “Si hubieran visto la velocidad, la violencia, ya saben. Fue algo asombroso, un trabajo asombroso…”
Estos son los sentimientos y pensamientos del “hombre más poderoso del mundo”, un ser humano, como muchos otros para quienes hay una confusión entre la realidad y la ficción de un programa de televisión.
No fue la primera vez que un mandatario estadounidense se deleitaba desde la trinchera de un escritorio, en primera fila, viendo la eliminación de un objetivo en vivo.
Barack Obama, Hillary Clinton y otros miembros del equipo de seguridad nacional de EEUU siguieron la cacería que resultó en la muerte de Osama Bin Laden en tiempo real desde la Sala de Situación de la Casa Blanca en mayo de 2011.
Alguien para quien la normalización de la violencia llega a tal grado que la muerte, el asesinato, es simplemente un “trabajo”. Alguien que da una orden surgida de variables, factores, asesores e intereses de poder económico oscuros, de guerra como extensión de la política. Alguien para quien la vida de sus hombres no es importante mientras haya “bajas razonables”, como tampoco la de la población civil dado que se cuantifica como “daño colateral”.
¿Cuál puede ser la realidad para personas multimillonarias que, como Trump, sus activos estimados rondan los 7,300 millones de dólares o más?. Esta gente no conoce de la vida de las poblaciones, ni siquiera de las que son originarios, de sus necesidades, lo más cercano a ello son las escasas palabras que cruzan con su servidumbre y algunos de sus empleados, jamás han paseado tranquilamente en una playa o plaza públicas, o ido a un mercado, siempre con guardaespaldas. Curiosamente los presidentes de EEUU, para fines prácticos, escasamente han viajado fuera de su país antes de su investidura, no conocen el mundo real. El presidente de EEUU con menos viajes a Latinoamérica en tiempos recientes ha sido Donald Trump.
Vemos en nuestros celulares, computadores y en la televisión masacres en tiempo real desde la comodidad de nuestras casas y escuchamos cientos de narrativas distorsionadas y manipuladoras. Vemos y normalizamos los resultados de la ejecución de los planes de mujeres y hombres megalómanos, narcisistas, sociópatas y psicópatas alejados de la realidad.
Los efectos de ver violencia en tiempo real en la televisión, de ver lo que Trump denomina “trabajo asombroso” incluyen habituación a la violencia y desensibilización, un aumento del miedo y la ansiedad, y la imitación de comportamientos agresivos, con un fuerte impacto psicológico en la población, y daños en la salud mental, imágenes que afectan la percepción social y política, con distorsión de la comprensión del conflicto y sus complejidades al no existir un análisis racional objetivo y profundo, con desmoralización y sensación de impotencia ante eventos que no se pueden controlar.
Nuestras creencias, supuestos de la realidad y hábitos de pensamiento influyen en la manera en la que entendemos el mundo, tomamos decisiones, nos comportamos y nos sentimos. Agregamos a ello las distorsiones cognitivas que afectan la realidad de cada uno de nosotros, como ocurre con el pensamiento polarizado, la sobregeneralización, la magnificación y minimización, la personalización, proyección, el razonamiento emocional, la visión catastrófica, etc.
La frase «una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”, atribuida a Joseph Goebbels, Ministro de Propaganda del Tercer Reich, que representó su principio en el que la propaganda masiva y constante puede hacer que la gente acepte falsedades como hechos, ha sido conocido como el efecto de la “ilusión de la verdad”, que ha sido reforzado con el empleo de tecnología moderna de comunicación.
“Comenzó con la Guerra del Golfo, el empaquetado de noticias, los gráficos, la música, la clasificación de historias… Todo el mundo se benefició de la saturación del cubrimiento. Entre más canales, un público más sedado respondía a esto… Si se logra enganchar a una audiencia que espere ansiosamente cada nueva revelación, con un elenco reconocible de personajes que puedan amar u odiar, con un arco dramático y cierto cierre, se tiene un ganador en términos de construcción de audiencias”.
“Con la anterior afirmación Danny Schechter, ex productor de CNN y del programa 20/20, de la cadena ABC, apuntaba a los elementos mediáticos que separan a la Guerra del Golfo (1991) de las guerras anteriores, anunciando un Nuevo Orden en la representación visual y narrativa de la guerra en los medios, preludio y símbolo de la Pax americana.” (Cabrera, Martha. “Medios de comunicación y medios visuales en los conflictos armados en la posguerra fría”, en Oasis 2006-07, núm. 12, Centro de Investigaciones y Proyectos Especiales, CIPE, Facultad de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales. Universidad Externado de Colombia, pp. 119-140 DialnetMediosDeComunicacionYMediosVisualesEnLosConflictos-3985801.pdf).
Lo que vemos y escuchamos de estas mujeres y hombres poderosos e influyentes al narrar la destrucción y violencia es la posverdad, infodemia, falta de empatía y remordimiento, ningún sentimiento de culpa, manipulación, egocentrismo, superficialidad emocional, impulsividad e incluso orgullo al someter individuos o a pueblos enteros.
“Nunca había visto algo así”, afirmó Trump.
*Rodolfo Ondarza-Rovira. Neurocirujano, activista en la defensa de los Derechos Humanos. Miembro fundador de la Academia Mexicana de Geopolítica y Estrategia

Rodolfo Ondarza-Rovira
Rodolfo Ondarza-Rovira. Neurocirujano, activista en la defensa de los Derechos Humanos. Miembro fundador de la Academia Mexicana de Geopolítica y Estrategia



