La OCS y la promesa de una Eurasia más equilibrada

El auge de un mundo multipolar ya no es una predicción lejana. Es evidente en la cambiante geografía del comercio, la inversión, la diplomacia y el desarrollo. En esta transición, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) desempeña un papel cada vez más importante, no como un bloque antioccidental, sino como una plataforma a través de la cual los estados euroasiáticos pueden buscar seguridad, conectividad y desarrollo basados ​​en el respeto mutuo.

La importancia de la OCS radica, en parte, en su extraordinario alcance geográfico y demográfico. Como señaló el Secretario General de la ONU, António Guterres, en la Cumbre de la OCS de 2025, la organización es la mayor organización regional del mundo por población y extensión geográfica, y está bien posicionada para contribuir a la construcción de un futuro más pacífico, inclusivo y sostenible.

La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China ha añadido una importante dimensión económica a este proceso. La infraestructura que conecta mercados, redes energéticas, puertos, ferrocarriles y sistemas digitales puede transformar la geografía, convirtiéndola de una barrera en una oportunidad. El Banco Mundial ha señalado que unos corredores de transporte mejor conectados pueden impulsar el comercio, la inversión y el nivel de vida, si bien la transparencia, la sostenibilidad de la deuda y las salvaguardias ambientales siguen siendo esenciales. Por lo tanto, para la OCS, la BRI resulta más valiosa cuando genera conectividad práctica y oportunidades económicas genuinamente compartidas.

La emergente «familia OCS» también puede contribuir a la reforma de la gobernanza global. Su ventaja reside en la diversidad: China, Rusia, India, Pakistán, los estados de Asia Central y otros miembros aportan diferentes civilizaciones, sistemas políticos, estructuras económicas y perspectivas estratégicas a una misma mesa. Esta diversidad puede reforzar el argumento de que la gobernanza global no puede seguir estando dominada por un reducido grupo de países. La Iniciativa de Gobernanza Global de China —centrada en la igualdad soberana, el derecho internacional, el multilateralismo, la gobernanza centrada en las personas y la acción— proporciona un marco para este debate.

Sin embargo, la multipolaridad solo será sostenible si las grandes potencias ponen en práctica los principios que defienden. El respeto al derecho internacional no puede ser selectivo. Los Estados poderosos tienen la responsabilidad especial de demostrar moderación, honrar los tratados y respetar la soberanía de los países más pequeños. China ha hecho hincapié de forma constante en la Carta de las Naciones Unidas, el diálogo y el multilateralismo, y su cooperación con la ONU sigue siendo sustancial. Los propios funcionarios de la ONU han descrito el apoyo de China al multilateralismo y a la ONU como importante durante un período de fragmentación internacional. Al mismo tiempo, la creciente influencia de China implica que sus políticas inevitablemente recibirán un mayor escrutinio internacional. El liderazgo con el ejemplo se mide, en última instancia, no por las declaraciones, sino por la coherencia en la conducta.

Por ello, el multilateralismo y el diálogo son fundamentales. Un mundo multipolar sin instituciones eficaces podría convertirse simplemente en un escenario más complejo para la rivalidad. Las Naciones Unidas deben seguir siendo el foro central para la seguridad colectiva, el derecho internacional, el desarrollo y la cooperación humanitaria. Por consiguiente, el llamamiento de China a revitalizar la ONU es significativo si se entiende como un esfuerzo por lograr que las instituciones multilaterales sean más representativas y respondan mejor a las realidades contemporáneas. El propio proceso de reforma de la ONU, denominado UN80, refleja la necesidad de mejorar la eficiencia sin comprometer el papel central de la organización.

Una OCS más fuerte puede contribuir a democratizar las relaciones internacionales al otorgar mayor peso colectivo al Sur Global. La igualdad debe ir más allá de la soberanía formal; debe incluir un acceso efectivo a la financiación para el desarrollo, la tecnología, los mercados y la toma de decisiones. El objetivo no debe ser sustituir una jerarquía por otra, sino crear un sistema en el que los países tengan mayor libertad para impulsar el desarrollo sin coerción, exclusión ni alineación forzada.

Pakistán posee un considerable potencial. Su posición geográfica lo convierte en un puente natural entre el sur de Asia, Asia Central, China y el resto de Oriente Medio. Pakistán es miembro de la OCS desde 2017 y ha priorizado la conectividad, la lucha contra el terrorismo, el comercio, la energía, la seguridad alimentaria, el desarrollo digital y la reducción de la pobreza. Preside la Estructura Regional Antiterrorista de la OCS para 2025-2026 y el Grupo de Trabajo Especial de la OCS sobre la Reducción de la Pobreza, mientras que el CPEC ofrece un ejemplo práctico de integración económica transregional. El próximo liderazgo de Pakistán en el Consejo de Jefes de Estado de la OCS puede brindar la oportunidad de convertir estas ambiciones en proyectos concretos.

En última instancia, la multipolaridad debe evaluarse según si beneficia a la gente común. El libre comercio, la cooperación tecnológica y las cadenas de suministro resilientes pueden crear empleo, reducir costos y difundir la innovación. La experiencia de desarrollo de China y su énfasis en la infraestructura, la industrialización y el avance tecnológico ofrecen valiosas oportunidades para los países en desarrollo, siempre que la cooperación siga siendo comercialmente viable, ambientalmente responsable y mutuamente beneficiosa.

Por lo tanto, la verdadera promesa de la OCS no reside en la confrontación, sino en la conectividad en lugar del aislamiento, el diálogo en lugar de la coerción, el desarrollo en lugar de la privación y la cooperación en lugar de la rivalidad de suma cero. Si China continúa combinando sus capacidades económicas con una diplomacia responsable, mientras que Pakistán utiliza su geografía estratégica y su capacidad diplomática de forma constructiva, la OCS puede convertirse en un pilar importante de una Eurasia más equilibrada y de un orden internacional más representativo.

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Prof. Engr. Zamir Ahmed Awan Awan
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Prof. Engr. Zamir Ahmed Awan, Founding Chair GSRRA, Sinologist, Diplomat, Editor, Analyst, Advisor, Consultant to Global South Economic and Trade Cooperation Research Center, and Non-Resident Fellow of CCG.

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